35. Aprender a nombrarse…
Hay silencios que casi no se notan. No hacen ruido, no azotan puertas, no levantan la voz. Son silencios más discretos, de esos que se van acomodando en el cuerpo y que, sin darnos cuenta, se vuelven costumbre. Muchos hombres aprendieron desde temprano que callar era una buena idea. Que mejor no decir nada para no hacer lío, para no incomodar, para no perder. Y así, poco a poco, el silencio se vuelve una especie de refugio… aunque por dentro vaya cobrando factura.




